domingo, 19 de enero de 2014

Patéticos I

La colección "Patéticos" contiene transcripciones en verso de ideas que un servidor y su equipo de profesionales pescaron al vuelo en uno que otro lugar del universo.

    La primera tirada que presentamos fue escrita por un joven de aspecto enjuto, que trabaja como dependiente en una funeraria. Este joven, decíamos, escribió en el frontispicio del local, sobre el empañado vidrio del cancel que da hacia la calle. Suponemos que el formato tenía como propósito que el texto fuera efimero y con un tamaño de letra lo suficientemente grande como para que la señorita que atiende el negocio de jugos en la acera de enfrente lo leyera justo en el momento en que, como todos los días, se toma un par de minutos para encender y fumar un cigarrillo.

Corazón, no corre prisa,
igual nos abrazará la hora
final, hasta exprimirnos la ceniza.

    Si bien estas líneas son torpes, además de tergiversar el tópico clásico del Carpe diem, su espontaneidad y contenido le dan un lugar en esta colección de textos patéticos.

    El segundo ejemplar fue tomado del cuaderno de notas de un palurdo estudiante de literatura. Cabe mencionar que el poema estaba acompañado de una ilustración hecha con crayolas: la representación del corazón de un mamífero -cuya familia aún no precisamos-. Al pie de la imagen podía leerse el nombre Diana Beatriz Días Rosas de la Inmaculada Confusión. Después de que tomamos nota de este texto, el estudiante se comió el cuaderno.

Anda, elígeme a mí con tu mirada,
que todos esos que aman hoy
eligieron mal una mañana.


El editor
18/01/14

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