¡Acepto mi destino fatal!
Porque pienso mi muerte querendona
pero el arrojo romántico me abandona
con los primeros síntomas
de influenza
emocional
El Doc -como lo llaman en su barrio- hace años que abandonó los hospitales y se dedica al cultivo de la imaginación y las bellas letras. No le va muy bien, pero no puede ejercer como médico pues está vetado: salía con demasiadas enfermeras (y ninguna le hacía caso), además jugaba con sus pacientes de pediatría y, por si fuera poco, durante los partos alentaba a las embarazadas a gritar y pujar recitando con ellas pasajes del Manifiesto del partido comunista.
30/Junio/2014
El Editor
No hay comentarios:
Publicar un comentario